BOLETÍN INFORMATIVO 
EL PAJARRACO 
ÓRGANO INFORMATIVO DE LA ASOCIACIÓN PERUANA DE PARAPENTE                 (Hoy Asociación Peruana de Vuelo Libre)
                 EDITOR       No. 5 
Diego Palma 
COLABORADORES 
Alex Artieda
Walter Breadt
Rolando Vizarraga
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Impreso en BALLOON S.A.
 
No 5 - Junio 1996 
 
EDITORIAL  
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TOUR DE VUELO A EUROPA 

La escuela de vuelo CONDOR ADVENTURES está organizando un viaje a Suiza, Alemania y Francia para la semana del 14 al 28 de Agosto de este año. El viaje estará enfocado al vuelo en parapente y un poco de turismo. Se recorrerá un circuito de zonas de vuelo en los Alpes suizos, Alemania y se podrá espectar el Campeonato Mundial de Parapente en Francia (Chamonix). También se visitará la fábrica de parapentes de Flight Design. 
Cerca de la casa de Franz en Suiza, sobre el lago de Uri se llevará a cabo el Curso de Seguridad completo el cual incluye todas las maniobras extremas, inclusive tirar el paracaídas de emergencia. 
El costo aproximado del paquete es de US$ 2,400.00 incluyendo pasajes LIMA - ZURICH - LIMA, alojamiento gratuito donde Franz, alojamineto en Alemania, medios de transporte a zonas de vuelo y turismo (carro, gasolina, etc), teleféricos, alimentación completa, Curso de Seguridad, gastos extras, cigaritos, etc. 
Para obtener mayor información los interesados deberán contactarse con Franz Shilter al 447-3514 ó 445-9384. Buen Viaje! 
 

LA CORRECTA CARGA ALAR DETERMINA EL TAMAÑO DE TU PARAPENTE 

Independientemente de la marca y modelo, “la carga alar” es un factor inherente a todo tipo de aparato volador, al comprar un parapente tenemos que tener en consideración este factor para poder determinar el tamaño correcto de la vela. 
 El caso de Angel Herrera, quien escogió la talla equivocada para su Phocus (lo compró muy grande), evidencia cuan importante es saber elegir el tamaño, el presente artículo pretende introducirlos en el concepto de una manera sencilla y fácil de aplicar por cualquier piloto, incluso sin ninguna experiencia previa. 
 La carga alar es una relación que existe entre el área real del parapente y la cantidad de kilos totales que transporta la vela, es la cantidad de kilos que cargamos en cada metro cuadrado de velamen, Para obtener “la carga alar” hay que dividir el peso total entre el área real de la vela, (el peso total incluye piloto vestido + vela + silla + reserva + todo aditamento como cámara fotográfica, radio, variómetro etc). 
Respecto al área es necesario aclarar que algunos autores sostienen que debe usarse el área proyectada y no el área real, nadie se pone de acuerdo (sobre todo en nuestro querido Gandhi) lo cierto es que tanto la revista Fly and Glide como  Gleitschirm utilizan, en sus test de prueba, el área real (y no el área proyectada) así que por un factor práctico y para evitar discusiones peregrinas con los grandes teóricos de nuestro medio asumiremos EL ÁREA REAL. 
El resultado de la división puede estar comprendido entre 3 y 4 kg. por metro cuadrado y dependiendo del tipo de vuelo que queremos tener escogeremos el tamaño del parapente. Con la práctica he podido observar que los valores reales de la carga alar están comprendidos entre 3 y 3.5. Las pruebas de homologación y los test de rendimiento se realizan con cargas alares comprendidas entre 3.1 y 3.5 por lo que pensar en una carga óptima nos sitúa alrededor de 3.33 kg. por metro cuadrado (decimales más o menos). 
 Con relación al comportamiento de la vela podemos decir que a cargas alares bajas el parapente flota mucho pero tiene poca velocidad, además se vuelve mucho más inestable en condiciones turbulentas, el giro se ve penalizado por una larga progresión, normalmente se puede utilizar cargas alares bajas cuando volamos en la costa con viento moderado (el valor puede estar entre 3.1 y 3.25 kg. por metro cuadrado) y lo que buscamos es mucha flotabilidad, pero NUNCA debemos volar con cargas alares bajas en condiciones térmicas. Por el contrario, el comportamiento de un parapente con carga alar alta refleja un drástico incremento en su velocidad, el parapente se vuelve mucho más estable y seguro, el giro es muy vivo pero no flotaremos tanto. 
 La elección depende de cada uno, lo más recomendable es poder encontrar un valor intermedio de carga alar de manera que podamos adaptarnos a cualquier tipo de vuelo. 
Como caso práctico: yo peso 81 kilos y todo mi equipo pesa 20 kilos, el área real del PHOCUS 129 es de 32.4 metros; 81+20/32.4= 3.11 kg por metro cuadrado, es una carga alar baja, excelente para volar en el Gandhi pero con los resultados negativos en la velocidad y en el giro. Para volar en Lunahuaná, Huaraz o Cuzco busco llegar a una mayor carga alar ( 3.33 kg por metro cuadrado) por lo que necesito agregar una pequeña bolsa de agua con 6 litros. Puede parecer incomodo pero 6 litros de agua es una cantidad manejable, no así 15 ó 20 litros como es el caso de algunos pilotos que eligieron una talla muy grande. 
Así que antes de comprar una vela deben conocer el área real y calcular la carga alar en función del peso total, de esta forma lograran un mejor aprovechamiento de las características de sus parapentes y no serán sorprendidos por esa frase “esta vela te queda muy bien”. 

       Alex Artieda
 

PARA...QUÉ?    por Pepe Guzmán Huamanchuco y Jorge Mamani Hernández Luego de muchos años de paciente investigación y espera, sale al fin el primer parapente hecho en el Perú, “El Paralpaca!?”, una vela perfecta elaborada con la más fina y exclusiva fibra de Baby Alpaca (lo que garantiza además que es antialérgica). Por su fabricación es el parapente ideal para el invierno, ya que le brinda al piloto una agradable protección cuando esta se pliega y cae sobre él, sobre todo en el frío clima de la Sierra.Cabe destacar las increíbles performancias de esta vela empezando por su perfil que sólo con verlo causa admiración y las más sinceras expresiones de asombro, chúch..., la cagada! 32 mts. de envergadura y 7 mts de ancho, con celdas diagonales y estabilos hechos de plumas direccionales de condor. Es importante hacer mención la calidad de las líneas hechas de KIPUTEK (resistente fibra vegetal, materia prima de los kipus), elaboradas por la prestigiosa firma QKC Corp. (Quipuk Kamamok Scientis Corporation). Al inflar su “Paralpaca”, Ud. podrá leer en sus líneas los misterios de nuestro glorioso pasado. Estas líneas van conectadas a unas delicadas pero a su vez resistentes 7 bandas hechas de cuero trenzado de huanaco, fáciles de identificar, ya que cada una lleva un lindo y colorido pompón a la usanza andina.Todos los raisers están conectados al novedoso sistema Antinegative Rotoring System, que consiste en un fuerte rodaje de bicicleta (caloi por supuesto), que va entre los raisers y el arnés, protegiendo al piloto de cualquier giro negativo. Si la vela entra en este giro, el piloto no lo notará, salvo por una ligerísima desviación en la trayectoria de vuelo. Esta vela  posee una velocidad máxima de 65 Km/h, lo que denota su estabilidad, ya que su desarrollo es el mismo en cualquier condición. Esta vela a sido homologada como un 3-4 competition, ya que sólo se puede volar con viento arriba de los 80 Km/h y en condiciones que ni las alas delta volarían. Pero para los principiantes la Cia Oriundus Fly S.A. lanzará próximamente su vela de escuela, el PARAPANCA, algo más ligera ya que la tela es hecha de panca de choclo, tratada con el fabuloso polímero de la era espacial el Rudacone 3000 (elaborado con ruda, sábila y una de gato)/ De esta vela hablaremos en una próxima edición de este famoso boletín. 
AQUAMAN, 320, Y AHORA QUE?   por Ricardo Mares V. 

Salud! por las 6 vidas que te quedan!, me dijo Jesús, y no es que estuviese precisamente en el cielo ante Dios y brindando con agua bendita, sino que por lo contrario estaba sentado frente a mi amigo español cerveza en mano (Arequipeña por si acaso) y a la espera de un rico plato de chicharrones en un restaurancito del bello pueblo de Cotahuasi. De todos modos para mí era prácticamente lo mismo, pues literalmente acababa de bajar del cielo, aunque en paracaídas. 
En resumen lo que pasó fue que, luego de un vuelo tranquilo el día anterior y ya que era nuestro último vuelo, íbamos a arriesgar un poco más e intentar hacer un poco de distancia. Mil trescientos metros de desnivel y un paisaje tan bello merecían esta vez, más que un descenso. 
Las condiciones aparentaban ser mejores que el día anterior, y tras echar a suerte el orden de despegue me preparé para el mismo. 
El poco viento y lo accidentado del lugar (mas un poco de nervios) hicieron que luego de varios intentos estuviese por fin en el aire. 
Tuve que luchar un poco con la silla, así que una vez sentado había perdido altura y me encontraba alejado de la ladera.  Sin perder más tiempo me dirigí hacia donde me pareció que debía haber cierta ascendencia. 
Estando cerca a la ladera giré en busca de una térmica cuando de pronto miré arriba y vi como se derrumbaba casi toda la vela, traté de no asustarme (poco difícil) y recuperar el parapente, pero salía de una cosa para entrar en otra peor. La situación se escapaba de mis posibilidades, a la vez que el pánico y los giros negativos aumentaban, fue entonces que opté por el paracaídas. 
Contrario a lo que pensaba, pude hacerlo bien y arrojarlo de forma opuesta al giro. Sin confiarme en él, continué tratando de controlar lo incontrolable, hasta que luego de unos segundos sentí el tirón;  por fin estaba sostenido de algo. 
Con la frenada la vela se infló y creó un movimiento pendular, así que la desinflé con las bandas B y C (no se si fue lo correcto) entonces sólo me quedaba ver donde iba a caer. Dentro de los posibles lugares donde estrellarme me tocó por suerte "uno bueno". En vez de caer, me fui mas bien de frente contra la ladera (por el péndulo). 
El choque fue fuerte pero soportable, verifiqué que estaba bien y llamé a Jesús para comunicárselo y aún asustado me tomé una foto. Luego mientras recogía como pude el equipo vi con sorpresa que el container del paracaídas había caído a unos metros de mí, que tal suerte!. 
A los pocos minutos llegaron un par de chiquillos a ayudarme, luego la policía y hasta una ambulancia descargando una camilla que felizmente no hizo falta.  La verdad me sorprendió la rapidez del auxilio, ya que prácticamente fuimos solos a volar. 
En fin, después de agradecer las atenciones del caso pedí que me llevaran al estadio para esperar a Jesús, quien decidió (valiente e inteligentemente) bajar sin complicarse la vida. Y así fue que después de unos minutos tocó tierra e inmediatamente fue rodeado por decenas de niños y no tan niños que no querían perderse la oportunidad de tocar a Jesús o por lo menos su equipo. 
Empezaban a caer algunas gotas, recogimos rápidamente las cosas (el público no fue precisamente de mucha ayuda) y fuimos enseguida al pueblo a preparar el viaje de regreso. Luego, previos chicharrones y cerveza comentamos más tranquilos lo que sucedió. 
He recibido diversas opiniones sobre el asunto y yo mismo he analizado la mía con el fin de dar con la verdadera causa del accidente y a estas alturas me parece que todas tienen en parte la razón.  Lo que pasó fue la suma de muchos factores y no sólo culpa de uno. Alguien me dijo por ahí (en metáfora) que para volar en sitios como al que fui, hay que ir con una "4X4" y no con un "deportivo", y tiene mucha razón a no ser que conozcas muy bien lo que estás volando (que no fue mi caso). 
Si bien con mi anterior vela casi no tuve colapsos durante el año que la tuve, con esta ya tuve casi de todo en 3 meses, pero eso no basta. Me parece importantísimo conocer bien el equipo que se va a volar y yo estoy en pleno proceso, esto implica saber no sólo las prestaciones de la vela en vuelo normal, sino conocer también (y no sólo en teoría) su comportamiento ante situaciones anormales. 
También es de vital importancia y como consecuencia de lo antes mencionado, saber reaccionar de la mejor manera en ese preciso momento. 
Ambas cosas sólo se pueden mejorar con la práctica, ya sea mediante un curso de seguridad o provocando uno mismo las maniobras con todas las precauciones del caso. 
Antes de mi accidente y de esta vela, me estaba acostumbrando a un vuelo "tranquilo" que en realidad no siempre es así (sobre todo si uno viaja a la sierra o a buscar nuevos sitios de vuelo), vivía con el "terror al colapso" quizás por la costumbre de volar en la costa, pero ahora pienso que no importa necesariamente a que nivel de vuelo aspire el piloto para conocer este "lado oscuro" que son los accidentes,  no sólo por su seguridad sino porque a partir de un completo conocimiento de este deporte puede realmente conocer sus limitaciones y saber mejor qué nivel de vuelo asumir. 
De igual importancia que volar es saber analizar las condiciones tanto climáticas como las del terreno, trazar un plan de vuelo, ubicar zonas peligrosas, posibles rutas y aterrizajes, etc. 
A pesar de no cumplir bien con lo antes dicho, es gracias a que tuve mi paracaídas que estoy aquí escribiendo esto y no desde un hospital. 
De más esta decir entonces lo importante que es contar con el equipo completo, por lo menos en cuanto a seguridad se refiere, ya que los paracaídas de emergencia están hechos para ser usados independientemente del parapente que se vuele. 
Para terminar, de lo que se trata (en mi opinión) es de llevar este deporte con cierta responsabilidad, ya que de por sí el parapente no por ser fácil, deja de ser peligroso y un error te puede dejar fuera de él, ya sea porque te hiciste daño o dañaste tu equipo (que 
también duele). 
En esta oportunidad tuve mucha suerte, puede que la próxima no, y no es que esté buscando nuevos apodos pero...  ...que se le va a hacer. 

 

CHASQUI DEL AIRE   (Continuación)     por Walter Braedt 

Tratábamos de mantenernos con Coco, Diego y el venezolano. Diego había encontrado un foquito de térmicas sobre la ladera encima de Huallabamba, pero las condiciones no convencían del todo y después de presenciar de cerca una plegada asimétrica masiva del venezolano (que dicho sea de paso estaba volando el antiguo EDEL ZX que el legendario Juanito le vendiera al ejército peruano...), opté por cruzar. Después de unos minutos siguió el venezolano. Ambos, sin suerte en el camino, nos fuimos a tierra después de pocos kilómetros. Los demás prefirieron competir en la modalidad de precisión. 

El domingo todos estábamos con las pilas bien puestas. Lo que nadie sabía era que íbamos a ser muy pocos los que íbamos a volar. La zona de despegue en el cerro Mirador se parecía a la parada o a una kermesse de colegio pituco. Harta prensa, harta bulla, todo el mundo hablando como en un té de tías  y haciendo otra cosa que lo esencial: concentrarse para el vuelo. 

Sentado allí, aparentemente durmiendo, chequeaba la copa de los árboles, fijándome atentamente en los detalles que nos brinda la naturaleza para poder evaluar mejor y acordándome de lo que solían decir mis maestros: observa, concéntrate y acuérdate de que un buen despegue es la mitad de la pensión. Luego de evaluar el juego dinámico del viento y de proyectar las trampitas que éste nos tenía preparadas para ese día, escuche la llamada. Sin decirle nada a nadie, me dirigí hacia el despegadero y salí. 

No pude ya fijarme lo que pasó luego en la zona de despegue, pero era de esperarse: se desató el pánico. En medio de ese caos logró salir Angel y luego siguieron un par de fallidos intentos de despegue. Más no vi, ya que mi rumbo ya estaba tomado: Pisac. Horas más tarde me enteraría que después del despegue de Angel no hubo más salidas que apreciar, pero sí un singular espectáculo de maniobras realizadas por Angel, el cual aparentemente no la había pasado muy bien y tuvo que luchar contra viento y marea para poder regresar a tierra. Mi suerte fue parecida. Luego de cruzar la quebrada Urquillos, llegué al cerro Unoraqui (4,377m) en el cual logré remontar hasta 4,150m. Mientras pedí apoyo de tierra por la radio, una insólita voz de un lugareño me indicaba qué era lo que tenía que hacer e inclusive trataba de persuadirme para que aterrizara. ¿Qué pasó? ¿No se había enterado de que ese día queríamos hacer distancia? .... 
 

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